Alides Cruz



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Alídes Cruz:” El olor a los fardos de pasto seco me recuerda a mi primer maestra, Juanita Gerlo”

Mi infancia estuvo un poco repartida, yo nací en el centro, en Castelli y España, (la que alguna vez se llamó calle Comercio y ahora es De Dominicis) hasta los 7 años y medio, mis amigos era mis vecinos, Peña , Gotardo Croce y un primo mí que vivía a un cuadra.

Eran casas viejas del tiempo del frigorífico, calles de tierra, veredas altas, barrosas o polvorientas según el clima.

Mis juguetes, un carrito de madera, un triciclo un manomóvil que me habían regalado unos parientes de Buenos Aires, porque acá no estábamos en condiciones de compra esas cosas.

Fui a la escuela particular, porque no se podía ir a la escuela pública hasta los 8 años. Después no mudamos cerca de ahí, pero parecía muy alejado, (Rivadavia y Bertolini), con pocos vecinos y una casa por manzana, donde tenía como vecino a mi amigo Miguel Gil, que falleció el año pasado.

Olores que me llevan a la infancia: Sí, el olor a fardo de pasto seco, porque cuando yo iba a la escuela particular, en la casa de mi primer maestra, Juanita Gerlo, tenían como una especie de corralón y allí había de esos fardos. Hace poco, ella vino la escuela N° 5 cuando cumplió 100 años, lamenté mucho no habérmela encontrado.

Mi infancia fue muy tranquila, tenía buenos vecinos, los ratos de ocio eran para estar panza para arriba en la quinta, viendo pasar las hormigas. Hasta que fui creciendo y empecé la escuela primaria y ahí vinieron otros amigos y otros tiempos. Al final un crece y viene la edad del trabajo que me llevó a la fábrica militar del Tolueno, ahí encontré un techo. Después Me animé, y ya con familia, me dedique a la fotografía.

Se hace un silencio y apunta detrás de mí con su dedo índice a una cajita negra de metal, con una manijita y una especie de lentes envuelta en papel de celofán. Un cartelito escrito a mano alzada dicta “esta es mi primer máquina, TODAVÍA ANDA”.

Tras el saludo formal, nos alejamos del cuartito del fondo, mire hacia atrás por el pasillo, me pareció estar saliendo de una especie de máquina del tiempo. Lo miré a mi cumpa y le dije vamos gordo, vamos. La charla estaba como para quedarse unos días.

Giuliana Rho


Giuliana Rho: “Lo más bello de mi infancia fue poder ver y vivir el amor de mis padres”




“Mi infancia transcurrió en los años de la guerra, cuando terminó yo tenía 7 años, con lo cual no digo que hemos pasado hambre, pero no eran tiempos de abundancia para nadie.

Con mis hermanos nos criamos con austeridad, con eso práctica de compartir las cosas, aprovechar todo lo que había. Los juguetes eran muy pocos, yo tenía una sola muñeca, a la que le hacía algún que otro mueble con restos de cajones de madera (…)

En Italia son diferentes los personajes que traen los juguetes a los chicos, es decir, según el lugar, por ejemplo Papá Noel, era más bien una costumbre americana, nosotros esperábamos a los reyes magos. En Bergamo, los juguetes los traía Santa Lucía, que generalmente llegaba sobre un burrito, con las primeras nevadas el 13 de diciembre. Allí preparábamos el pastito para que comiera el burrito que la traía, hacíamos la cartita con todo el cariño del mundo, mezclada con toda esa magia que saben cargarle los padres.

Recuerdos: Apenas llegaba al borde de la ventana y miraba hacia la calle, si esa noche había nevado, si así era, seguramente ese día sería día de regalos; tal vez pequeños, pero grandes en su significado.

Olores que me llevan a la infancia: el olor en las cocinas donde hay una abuela preparando la comida. El aroma a caldo con mucha verdura con ese olor a comida rica, inmediatamente me hacen recordar cuando visitábamos la casa de mi abuela. También el perfume de esas rosas trepadoras, que son bien grandes. Mi abuela solía poner algunas en un vaso con agua.

Colores: El blanco de la nieve. Me hace recordar mi infancia como si fuera una película. Recuerdo cuando con mi hermano tomábamos el tranvía en la esquina de mi casa, teníamos el abono, ya que en ese tiempo los chicos todavía podían andar solos. Jugábamos a caminar sobre la nieve intacta, esa que nadie aún había pisado. Me veo aún con una gorrita y un echarpe verde. (Se hace un silencio y florece un brillo en su mirada).

Argentina: Mi padre cansado de las cosas de la guerra decidió emigrar para este país, vinimos en barco, un viaje sin fin. Vivimos un año en Buenos Aires, después nos fuimos a Córdoba por un trabajo en Techint de mi padre que era ingeniero civil y al final llegamos a Campana, en diciembre de 1952.

Mi infancia fue muy feliz. Lo que más destaco de mi infancia, fue poder ver y vivir el amor de mis padres. Se adoraban y ese amor sabían trasladarlo a nosotros. Siempre uno hubiera querido repetirlo en su propia vida”.